23/1/16

Maradona y el ataque a la sala de trofeos del Barcelona (1983)


En la semana previa a la final de la Copa del Rey de 1983 que enfrentaría al Barcelona con el Real Madrid en La Romareda se iba a disputar también, aunque en Alemania, el partido de despedida de Paul Breitner. Diego Armando Maradona y Bernd Schuster estaban invitados y querían asistir. Josep Lluis Nuñez, por contra, no estaba por la labor de permitir que dos de las figuras de su equipo se expongan al cansancio y a una lesión a pocos días de una final nada más y nada menos que ante el rival de la capital.

"Si el Madrid no cede a Santillana, pues nosotros tampoco a ustedes", se justificó el entonces presidente azulgrana. Si la relación Nuñez y el astro argentino estaba de sobra deteriorada, este incidente significó principio del fin de la misma. Como a Maradona no le gustó que no le dejasen asistir al homenaje de Breitner y mucho menos que le hayan retenido el pasaporte, decidió comenzar a destrozar trofeos del Barcelona hasta conseguir su objetivo. Le bastó con destruir un Teresa Herrera para recuperar su pasaporte aunque eso sí, tanto él como Schuster se quedaron sin viajar porque una cláusula de la Federación Española de Fútbol se lo impedía. Nuñez contento: con Maradona y con Schuster en el campo, su equipo se proclamaría campeón de la Copa del Rey tras derrotar al Real Madrid (2-1)


En su libro autobiográfico, "Yo soy el Diego" (Maradona, Arcucci y Cherquis Bialo, Planeta, 2000), Maradona cuenta su versión del incidente:

"Me llenaba de orgullo que el alemán Paul Breitner, el gran Paul Breitner, me hubiera invitado a mí, ¡a mí!, a su partido de despedida. Era una cosa que me quería ir, ¡ya!... Nos mandaba un avión privado a mí y a Schuster. Yo lo había llamado y le había dicho que sí, que iba a ir. Hasta que Schuster me pregunta con su tono alemanote: "¿Tienes-el-pasaporrrte?" Y yo le contesto: "Sí, por supuesto, Jorge (refiriéndose a Cyterszpiller, su representante) andá a buscarlo". Y entonces veo que al gordo se le transforma la cara. El cabeza de termo se lo había entregado al club, para que lo tuvieran ellos por si había viajes por las copas europeas, y esas cosas... ¡Lo quería matar! Ahí nomás tuve la sospecha de que Núñez no me la iba a hacer fácil, todo lo contrario. Me iba a romper los huevos. 

Era lunes: lo hice llamar por teléfono al club para que me mandaran el pasaporte, y no, no lo mandaban. Otro día más, y nada. Entonces fui y pedí hablar con Núñez. No está, me dijeron primero. Yo había visto el auto y el chofer. Ahora no lo puede atender, cambiaron enseguida. Vino otro dirigente, que yo quería mucho, Nicolás Casaus, que había nacido en Mendoza, casi llorando: "No, Dieguito, no te lo podemos dar, el presidente no quiere...". Estábamos en la sala de trofeos, en el Camp Nou. Entonces le dije: "¿Así que el presidente no quiere dar la cara? Yo voy a esperar cinco minutos... Si no me dan el pasaporte, todos estos trofeos que están acá, que son divinos, que son de cristal, los voy a tirar uno por uno". Casaus me rogaba: "No, Dieguito, no podes...". Y el alemán Schuster se sumaba otra vez: "A-vi-sssa-me-qué-émpezamos". Agarré un Teresa Herrera, hermoso, y lo interrogué por última vez a Casaus...

—¿No me da el pasaporte?

—No, el presidente dice que no...

—Está, se hace negar y no me da el pasaporte...

—No, sólo dice que no puede dártelo.

Levanté lo más que pude el trofeo y lo tiré... ¡Puuummbbb!... Hizo un ruido... "¡Tú-éstass-loco!", me dijo Schuster. "Sí, estoy loco. Estoy loco porque no me pueden sacar el pasaporte... Y cuando pasen más segundos, más minutos, más trofeos voy a tirar." La cosa es que me devolvieron el pasaporte... y no nos dejaron ir al partido de Breitner. No sé qué carajo, pero había una cláusula de la Federación Española... Pero les rompí un Teresa Herrera y el pasaporte me lo dieron; era anticonstitucional que se quedaran con él. La Copa del Rey la ganamos igual..."

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