A mediados de la década de los noventa había dos clases de botas: las de Alfonso y las del resto de jugadores. No me vengan con las Copa Mundial de Adidas, las Nike de Ronaldo, las Puma de Maradona, las Lotto de los italianos o las Reebok de Raúl. Las que molaban eran las Joma blancas de un Alfonso Pérez Muñoz que se adelantó a su tiempo y popularizó la alternativa al tradicional calzado color negro. Todos querían tener unas. Pre-Metrosexualidad en estado puro y más aún teniendo en cuenta que ahora las botas parecen diseñadas por Ághata Ruiz de la Prada, no están hechas para durar y tienen hasta chips incorporados que miden el rendimiento del que las lleva. Al ritmo de los goles del madrileño las Joma blancas causaron furor y lideraron durante mucho tiempo las ventas en España, incluso cuando las demás marcas lanzaron modelos similares.























