30/07/10

Josko Jelicic

La segunda mitad de los 90's jamás dejará de darnos alegrías. Cuando creemos que no nos queda nada por revisar de esa época aparece un Don Balón con imágenes de la presentación de Josko Jelicic (Osijek, Croacia, 01/05/71) con el Sevilla. Se trataba de un interior zurdo dotado de buena técnica que tras iniciarse y destacar en el Hajduk Split había sido traspasado al Dinamo de Zagreb para dar lustro y posteriores beneficios al club capitalino. Para ponernos en contexto, situémonos en los últimos días de noviembre de 1995, con la destitución de Toni Oliveira y sobre todo la grave lesión de Tarik Oulida todavía reciente en el seno del Sevilla, los directivos buscaban un refuerzo de garantías para ocupar la ficha del prometedor centrocampista holandés. Se barajaron varios nombres de diverso pelaje como el veteranísimo Bernd Schuster o Witschge, lo que daba una idea de lo perdida que andaba la directiva.

La influencia de todo un peso pesado del sevillismo como Davor Suker decantó la decisión en favor de un desconocido Josko Jelicic, que llegaba a orillas del Guadalquivir con ansias de gloria y notoriedad que le llevasen a poder disputar la Eurocopa 96. Pretendía que esa etapa supusiese un punto de inflexión, un cambio radical, como bien muestra metafóricamente en la imagen superior, portando un viejo Etrusco en la mano izquierda y un moderno Questra en la derecha. Aquellos primeros meses no se pueden calificar de malos, pues participó en 14 partidos e incluso le marcó un gol al Deportivo, pero lamentablemente no se puede decir lo mismo de la siguiente campaña.

Con Camacho en el banquillo y una trayectoria muy pobre ya desde el comienzo de la temporada 96/97, los minutos brillaban por su ausencia. En realidad la culpa no era del entrenador, pues tampoco con Antonio Álvarez, ni con Bilardo ni con Julián Rubio logró la continuidad. Se rumoreaba por la ciudad hispalense que la tentación de la noche sevillana era demasiado fuerte como para resistirse, así que nadie se extrañaba de ver a Jelicic junto a Ivica Mornar a altas horas de la madrugada en los locales de moda. En total no llegaban ni a 80 minutos los que llegó a jugar aquella campaña, y de premio un expediente por su animada vida nocturna y por supuesto un descenso a segunda.

Su salida se produjo tras una extraña maniobra con el ilustre Robert Prosinecki e Igor Cvitanovic (un traspaso que no fue del que nos encargaremos en otra ocasión) de por medio y una deuda impagada, que dio como resultado el retorno de Jelicic a su club de procedencia. Alli volvió a ser importante durante cuatro años, hasta que le propusieron una exótica aventura en Asia de la mano del temible Pohang Steelers de Corea del Sur. Si calificamos de fracaso su paso por España, se me agotan los adjetivos para definir los dos únicos partidos que jugó en el campeonato surcoreano a finales de 2002. Tras esta breve pero a buen seguro enriquecedora experiencia deshizo el camino andado para volver y retirarse del fútbol profesional en el Dinamo de Zagreb unos meses más tarde.

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