24/11/09

José María Buljubasich

Hay homenajes con los que sabemos de antemano que se creará controversia, pues han sido jugadores de sobrado prestigio internacional en otras ligas que, por los motivos que fusen, el talento del que hacían gala les fue requisado en el control de aduanas y sólo pudieron recuperarlo cuando salieron del país (eso en el mejor de los casos, a alguno se lo extraviaron definitivamente). Recordarán que por aquí desfilaron un dos veces "Bota de Oro" como Mario Jardel, un campeón del Mundo y de Europa como Emmanuel Petit o uno de los mejores artilleros en la actualidad como Nicolás Anelka. Son homenajes impopulares pero en rigor al código de actuación de Renaldinhos y Pavones no nos queda más remedio que realizarlos. Como se habrán imaginado, el caso de José María "El Tati" Buljubasich no va a ser diferente.

Este portero nacido en la localidad santafesina de Firmat (Argentina) el 12 de mayo de 1971, aunque de ascendencia balcánica, apenas contaba con 20 años cuando pasó a formar parte de la plantilla profesional del Rosario Central (saludos de Coudet) y en sólo tres temporadas se hizo querer por la afición "canalla" se confirmó como una de las más firmes esperanzas en la portería del fútbol argentino. En el CD Tenerife, siempre dispuestos a cultivar brotes demasiado tiernos para la dura competitividad europea pero que si salen adelante reportan una buena caja, supieron de las virtudes de Buljubasich y no dudaron en incorporarlo a la plantilla de la 94/95 para hacerle la competencia a Marcelo Ojeda. Esa campaña llegó a jugar nada menos que siete partidos, lo cual no es poco viendo el resto de su trayectoria en nuestro país. La siguiente solamente sería uno y en la tercera, cedido durante la primera vuelta al Lleida de segunda división igualó los siete del primer año (en su descargo diremos que jugó más que Raúl Ojeda).

La segunda vuelta de la temporada 96/97 regresó a Rosario Central para disputar el torneo Clausura y hacer méritos para recuperar el crédito perdido en sus dos años y medio en España. Tanto fue así que el Real Oviedo decidio pagarle al CD Tenerife, que aún conservaba sus derechos, más de un millón de euros al cambio para que el portero santafesino añadiese picante a la competencia entre Esteban y Mora en la portería carbayona, es decir, para que Esteban fuese titular indiscutible, Mora lo sustituyese en caso de emergencia y Buljubasich se quedase con los cuatro partidos restantes (tres de ellos en las tres últimas jornadas, caridad creo que le llaman a eso). El caso es que en verano de 1998 volvió a su Rosario querido para pasar tres temporadas más antes de probar con el modesto Los Andes argentino, con el Monarcas de Morelia mexicano y amagar con despedirse del fútbol en el River Plate en 2002, pero falsa alarma.

Atención porque el último capítulo de su vida deportiva es quizá el más interesante y el motivo de todo el rollo que hemos soltado en el primer párrafo de este post. En 2003 abrió sus horizontes al fútbol chileno pasando primero por el Unión Española y más tarde por la Universidad Católica donde quedó retratado para la historia en 2005 como el poseedor del récord de imbatibilidad del fútbol moderno (aunque a nivel mundial sea el cuarto, hay dudas de la veracidad de los tres primeros) al mantener su portería a cero durante 1352 minutos, rompiendo la marca que hasta esa fecha ostentaba Abel Resino. El júbilo se tornó en un gran susto cuando en septiembre de 2006 se le detectó un tumor cerebral del que se recuperó en pocos meses. Aún no hace un año que dejó el campeonato chileno para aventurarse a sus 38 años en el prestigioso Olimpia de Asunción paraguayo sin demasiados planes de retirada a la vista.

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