16/06/09

Jerôme Bonnissel, el irascible

Fino lateral zurdo este francés de Montpellier nacido el 16 de abril de 1974. Era un jugador rápido, habilidoso, con calidad y desborde, sin descuidar las tareas defensivas. Su trayectoria incluye clubes como el propio Montpellier, el Deportivo, Girondins de Bordeaux, Glasgow Rangers, Fulham antes de retirarse en 2006 en el Olympique de Marsella. Hombre culto, amante de las lecturas filosóficas, del cine poco comercial y de la informática. Si bien es cierto que en los últimos años de su carrera el “renaldismo” le acechó (tan solo 24 partidos en 3 años y en 3 clubes distintos), podemos decir que fue un buen futbolista que jamás merecería el honor de figurar entre los homenajeados en esta página.

El motivo que hoy le trae a nuestro recuerdo es su carácter, digamos emocionalmente inestable. A pesar de que durante su estancia en A Coruña la afición le quería y le requería a Irureta su titularidad en el lugar del pusilánime Quique Romero, por lo que es más recordado es por dos incidentes de acentuado tono violento. El primero de ellos nos traslada a una primaveral mañana del 97 cuando recibía una sesión de masajes al finalizar el entrenamiento. Agotado física y mentalmente por la intensidad del ejercicio, se relajaba plácidamente sobre la camilla del masajista con la piel bañada en aceites mientras recibía los servicios de éste , y en ese momento un fotógrafo de un medio local se le acercó para dejar constancia de tan hermoso (y erótico) momento siendo inmediatamente repelido con el lanzamiento de unas tijeras por un exaltado Bonnissel.

El otro hecho, sucedió en noviembre de 1998 a la salida de una sesión de entrenamiento cuando le fracturó la nariz de un cabezazo a un chico de 17 años que, junto a otros amigos y sabiendo del carácter dadivoso y afable del francés, le solicitaba con insistencia al bueno de Jerôme que regalase un balón. Como el francés hacía caso omiso a los requerimientos de los chavales, éstos empezaron a increparle y a insultarle. Cuando Bonnissel se dirigía a su casa al volante de su coche, el grupo de jóvenes le osbtruyó el paso, lo cual desencadenó la ira del galo (que nunca llegó a disculparse) y mucho dolor para uno de los jóvenes. Todo un angelito este Bonnissel.

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