26/04/09

Julio Salinas Fernández

Es increíble lo rápido que pasa el tiempo, hace casi 9 años que Julio Salinas se retiró del fútbol profesional. Sin embargo, a mí me parece que fue ayer cuando Salinas colgaba las botas tras disputar su último partido con el Alavés contra su Athletic y dejando al equipo vitoriano en puestos de acceso a la Copa de la UEFA, ni más ni menos que sextos en Liga. Uffff, don Julio Salinas, para mí, palabras mayores.

El verano pegaba sus últimos coletazos en el año 1962, cuando el 11 de septiembre nacía en Bilbao Julio Salinas Fernández, que años más tarde se convertiría en uno de los mejores goleadores de la Liga Española y de la selección nacional de fútbol. 152 goles en la primera división española, 34 en la máxima categoría japonesa, 23 con la selección y un pichichi en la segunda división nacional son su tarjeta de presentación. Sin embargo, y a pesar de sus grandes estadísticas, Salinas fue un jugador que no llegó a convencer a todo el mundo y recibió además numerosas críticas. Muchos son los que no han sabido apreciar las cualidades del bueno de Julio. Por el contrario, muchos son los que entendiendo su juego le han defendido a capa y espada ante sus detractores. Su estilo poco estético y vistoso para el aficionado fue la principal razón por la que no se llegaron a ver las cualidades de un jugador que consiguió semejante cantidad de goles sin tirar penaltis y siendo suplente en muchas ocasiones.

Julio Salinas debutó en 1982 con el Athletic Club de Bilbao en la máxima categoría del fútbol nacional. En sus primeras dos temporadas en el primer equipo el atacante siguió formando parte de la plantilla del filial y llegó a disputar 13 partidos con un primer equipo que se encontraba en estado de gracia y lograba dos ligas y una copa de forma consecuvita. En las temporadas 84/95 y 85/86 Salinas fue ya miembro de la primera plantilla y comenzó a desarrollar su instinto goleador. Además de los tres títulos conseguidos con el equipo vizcaíno, hay que destacar el título de máximo goleador conseguido por Salinas en la Segunda División durante la temporada 83(84 con el filial rojiblanco.

Tras cuatro temporadas en el botxo Salinas cambió de ciudad pero no de colores y se enroló en el otro Atlético, el de Madrid. A orillas del Manzanares Salinas permaneció dos temporadas en las que no consiguió ningún título pero se consagró, con 31 goles ligueros como uno de los mejores goleadores nacionales del momento. En ambas temporadas fue el máximo goleador del equipo y compartió delantera con Peio Uralde, con Futre y con López Ufarte.

Después de sus dos años en la capital española, en 1988 Salinas fichó por el FC Barcelona en la misma temporada en la que también llegaron al equipo blaugrana Bakero, Beguiristáin, López Rekarte, Eusebio, Amor, Soler o Valverde.

En el club azulgrana permaneció durante 6 temporadas en las que su rendimiento fue de más a menos. Consiguió 60 goles en liga siendo además en sus dos primeras campañas el máximo goleador del equipo culé. Consiguió goles tan importantes como los de la final de la Recopa en 1989 (batiendo a Pagliuca) y la Supercopa de Europa de 1992. Cruyff fue perdiendo la confianza en Salinas paulatinamente y en sus últimas 3 temporadas casi no contó con minutos, lo que le valió para ganarse fama de revulsivo para los minutos finales. Valga como ejemplo la temporada 91/92, en la que Salinas consiguió 7 goles ligueros tras haber jugado solo 3 partidos como titular y solo uno de ellos completo.

En 1994, viendo que las oportunidades se volvían cada año más escasas en la Ciudad Condal, Salinas decidió abandonar el equipo llevándose bajo el brazo 4 títulos de liga, 3 Supercopas, 1 Copa del Rey, 1 Copa de Europa, 1 Supercopa de Europa y 1 Recopa. Su próximo destino sería un Deportivo de La Coruña que se había consagrado en las últimas dos temporadas como una seria alternativa a los dos grandes y en el que ya se encontraba otro longevo como Donato. En el Dépor no fue titular indiscutible, pero eso no le impidió ser el segundo máximo goleador del equipo en liga con 12 goles (solo Bebeto consiguió más) y ser el máximo goleador deportivista en la Copa del Rey, competición ganada además por el equipo coruñés que además ese conquistó año la Supercopa de España. Uno de los momentos más recordados de su etapa en La Coruña fue el gol conseguido en el Camp Nou que le valió un punto al Depor. El Barça ganaba por 1-0 y Salinas entró a falta de 13 minutos para marcar en los últimos instantes del partido.

Al finalizar la temporada Arsenio Iglesias fue sustituido por Toshack y el galés fichó a Radchenko con lo que Salinas decidió abandonar el Deportivo y se incorporó a la disciplina del Sporting de Gijón. El veterano delantero llegaba a Mareo con la tarea de sustituir a un Pier que había rallado a buen nivel la temporada anterior; el delantero bilbaíno no solo convenció a la parroquia de Gijón e hizo olvidar a Pier sino que, a sus 33 años acabó la temporada como el segundo goleador español del campeonato liguero por detrás de Raúl. Salinas disputó 38 partidos y convirtió 18 dianas. En Gijón se puso de moda el cántico “Bota de oro, Salinas bota de oro”. Salinas no dió ninguna opción a otros delanteros como Morales o Yekini, que casi no jugó en el Sporting.

Después su gran campaña como rojiblanco, Salinas siguió en Gijón y comenzó la nueva temporada marcando, como siempre. Sin embargo, mediada la misma le llega una oferta de un equipo japonés y decide aceptarla y abandonar el Sporting, el equipo en el que más afecto y cariño recibió. Su último partido con el Sporting fue contra el Deportivo, al que Salinas convirtió y evitó que alcanzase al Madrid en la primera posición en esa jornada. Con este gol Salinas confirmaba una de sus especialidades: marcar contra ex-equipos (creo que ninguno se ha librado).

El cambio de país no mermó en absoluto la capacidad goleadora del delantero y en el Yokohama Marinos siguió presumiendo de unas cifras envidiables. Tras anotar 34 goles en 47 partidos en 1998 volvió a la liga española para acabar su carrera deportiva cerca de su casa, en el Alavés de Vitoria, donde jugaría dos temporadas. En su primera temporada compartió delantera con Canabal y Sívori, pero no anotó más que 4 goles.

La temporada 99/00 fue la última de Julio Salinas en activo. La llegada de Kodro y Javi Moreno redujo la participación de Salinas a 6 partidos de titular y 22 de suplente. A pesar de ser el delantero menos utilizado por Mané (tras Javi Moreno, Kodro y Magno) Salinas siguió a lo suyo y fue el máximo goleador del equipo con 8 goles, lo que supuso una despedida a lo grande para el delantero vasco. Al finalizar la temporada dejó una pequeña puerta abierta a una nueva experiencia en el extranjero, sin embargo, al final no llegó ninguna propuesta de interés y se confirmó la retirada del jugador.

Con la selección Salinas jugó 56 partidos y consiguió 23 goles. Fue convocado por tres entrenadores: Clemente, Luis Suárez y Vicente Miera. Disputó 3 mundiales ('86,'90 y '94), marcando en todos ellos. Consiguió goles en tres Campeonatos del Mundo y quizás su mejor época con el combinado nacional fue la fase de clasificación para el Mundial de Estados Unidos en la que Salinas fue fundamental anotando 7 goles en 9 partidos, incluyendo dos en Dublín contra la selección de Irlanda. En la selección llegó a disputar un partido junto a su hermano Patxi. Hoy en día Julio Salinas suele ser recordado por el mano a mano que falló ante Pagliuca en el Mundial de 1994.

Esta es la historia de un delantero que creó estilo, marcó una época y creó división de opiniones. Salinas supo cuales eran sus defectos, supo muy bien lo que podía y lo que no podía aportar, tuvo una gran confianza en sí mismo e hizo lo mismo en todos sus equipos, una y otra vez: meter el balón en la red. Julio Salinas Fernández, de profesión, sus goles.

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