09/01/08

Nuno Herlander Simões Espírito Santo

Portero portugués nacido la tormentosa mañana del 25 de Enero de 1974 en una de las antiguas colonias que el país luso tenía en latitudes africanas, las islas de Santo Tomé y Príncipe, Nuno Herlander Simões Espíritu Santo resultó ser un niño extraño, y es que la desventaja de no poseer una complexión física tan portentosa como la de sus compañeros de juego durante las soleadas tardes de fútbol del pequeño archipiélago, hizo que pronto supiese que su sitio en el campo no estaba subiendo la banda ni en la punta de ataque, sino en la portería.

Una vez descubierta su vocación, no se le debió dar nada mal, ya que una vez que su familia regresó a Portugal, pronto llamó la atención del Porto FC, que le incorporó a sus categorías inferiores. En 1994, sin haber debutado siquiera con el primer equipo del Porto, fue contratado por el Vitoria Guimaraes, equipo donde su juventud y sus buenas actuaciones no pasaron desapercibidas y atrajeron a los avezados ojeadores del Deportivo de A Coruña, que decidieron ficharle para remozar una envejecida plantilla post-SuperDepor que ya había dado lo mejor de sí. En Octubre de 1996 el club coruñés pagó por el joven cancerbero 360 millones de pesetas (unos dos millones de euros), cedió los derechos de Branko Milovanovic y acordó la realización de dos partidos amistosos con el Vitoria, en el que fue uno de los culebrones de aquel verano: Nuno, que se encontraba en Atlanta disputando los Juegos Olímpicos con su selección, llegó a declararse en rebeldía y desaparecer durante un mes, afín de ejercer presión y fichar por el equipo español.

Con toda la ilusión del mundo afrontaba Nuno este nuevo reto sin percatarse siquiera de los nubarrones que sobre él se cernían. Su debut en el Trofeo Teresa Herrera de 1996 sirvió de presagio. Con un cómodo 2-0 en el marcador, salió a disputar los 5 últimos minutos de la final frente al PSV Eindhoven, tiempo suficiente para que los holandeses le convirtiesen dos goles y empatasen el partido, obligando al conjunto gallego a ganar su propio torneo veraniego en la tanda de penaltis. Dos partidos en dos temporadas (más algún otro de Copa) constituyen el pobre bagaje del guardameta luso en el Dépor. Dado lo insostenible de la situación, aceptó marcharse cedido al Mérida de los Pablo Alfaro, Gonzalo de los Santos, Juan Sabas y Pirri Mori de la 2ª división, donde jugó con regularidad durante las dos campañas en las que allí permaneció y donde terminaría convirtiéndose en el portero menos goleado de la categoría. Más adelante y también mediante una cesión (como a Petr Kouba, Molina y Songo´o le cerraban las puertas en el Deportivo), fue el Osasuna quien quiso disfrutar de los servicios de nuestro hoy homenajeado. Siendo un fijo en la alineación (33 partidos en Liga), compartió equipo y confidencias de vestuario con ilustres de nuestro fútbol como Oscar Arpón, Lekumberri, Shustikov o Iván Rosado.

Estas 3 últimas temporadas tan sólo serían un espejismo de gloria en una carrera marcada por la suplencia, ya que la temporada siguiente, de vuelta en el Dépor, Irureta sólo le permitiría jugar 2 partidos. Harto de cesiones y de no jugar en A Coruña, se le ofreció la oportunidad de volver a su país vistiendo los colores del Porto FC, como moneda de cambio (de 3 millones de euros) en el traspaso de Jorge Andrade al Deportivo (valorado en 13 millones). En el club portugués no tuvo más fortuna, puesto que se pasó 2 temporadas a la sombra de Vítor Baía. Eso sí, al menos consiguió engrosar su palmarés al más puro estilo Christian Karembeu, ya que su estancia en Oporto coincidió con la conquista de la UEFA y la Champions League en temporadas consecutivas, 2 Ligas, 1 Copa, 2 Supercopas y una Intercontinental.

Tantas eran sus ansias de minutos que en su desesperación decidió probar suerte en el Dínamo de Moscú, pero nuevamente su lugar habitual fue el frío banquillo. Deprimido por la situación y consciente de que quizás no estaba hecho para la élite del fútbol, regresó a la liga portuguesa para jugar en el modesto CD Aves, donde sí dispuso de oportunidades, pero los focos de la popularidad ya no iluminaban su cada vez más incipiente coronilla. El pasado verano, para sorpresa de muchos y en un sobrecogedor acto de caridad, el Porto FC le ofreció un cariñoso hueco en su plantilla para ejercer, a sus casi 34 años, de suplente del suplente. Quizá, siendo guardameta, no sea demasiado mayor como para retirarse del fútbol, pero todo indica que estamos asistiendo a los últimos coletazos de este hombre que luchó lo indecible por hacerse un hueco en la historia, y que si no lo logró en los terrenos de juego, sí lo está consiguiendo hoy al entrar a formar parte de la familia renaldinha.

Escrito por Pableras

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